martes, 2 de mayo de 2017

Tengo las piernas torcidas.
Desde siempre. Camino mal 
pero camino. También tengo morados en los muslos.
Verdes, lilas, rosas, amarillos.
Desde siempre. Se van turnando,
pero son los mismos, que aparecen
y desaparecen, intermitentes.
Rozaduras en las plantes de los pies;
en verano, llagas.
Bajo el pelo, toda la piel descamada, blanca;
a veces roja, por la sangre seca.


Ninguna de esas heridas
acaba de matarme, ninguna
acaba de cerrarse, cicatrizar.
Son el recuerdo constante

de lo que ocurre en mi estómago,
en mis venas, en mi conciencia,
en mis pulmones. 


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