lunes, 22 de mayo de 2017

chocolate y sangre

Mis sábanas guardan manchas de chocolate y sangre 
tras haber pasado por la lavadora:
                                 hay marcas que no desaparecen a altas temperaturas.
Ésta es la única lealtad que conoce mi cuerpo:
la presencia, una vez al mes, 
de huellas diminutas y primitivas,
                                 de sombras de restos,
en mi cama
en mi estómago.

Es la única certeza que tengo a mis 26: 
sangre y chocolate
chocolate y sangre.

sábado, 20 de mayo de 2017

5 años

Llagas en la lengua. Llagas en la boca del estómago.
Eccemas bajo el pelo. Eccemas en las rodillas. 
Costras blancas que se abren y sangran y escuecen.
Contracturas en la parte superior de la espalda.
Latigazos en las piernas. Mareos. Hormigueo en las manos.
Migrañas. Arritmias. Fiebre.

Cansancio. Mucho cansancio.




sábado, 13 de mayo de 2017

Mi cuerpo está en el límite de lo sensible. 
Una gota, todo se derrama, 
se descose, 
se desmorona. 
Mi cuerpo está en el límite de lo sensible. 
Un impulso leve revierte en una migraña terrible, 
una arritmia silenciosa, 
una piel dañada.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Otro día más

La sangre me hierve
y quisiera gritar,
desgarrar el vientre
de mis enemigos,
sacar sus tripas,
enfrentarlas al aire,
tejer con ellas

una colcha 
de flores 
diminutas.

domingo, 7 de mayo de 2017

Transition Girl

Soy buena, soy amable, 
soy divertida, soy especial.
Soy siempre una chica de transición.
Soy la que te lleva del drama a la libertad
que ofrece la risa, el sexo sin reproches.

Soy 
la que te prepara para el amor, 
la que te da la mano y te ayuda a cruzar este río salvaje:
del desastre que aniquiló tu voluntad
al inicio del resto de tu vida.




                    Soy siempre una chica de transición,
                    un recuerdo cálido y borroso en tu memoria:
                    sin fisuras, sin lazos, sin rastro.



martes, 2 de mayo de 2017

Tengo las piernas torcidas.
Desde siempre. Camino mal 
pero camino. También tengo morados en los muslos.
Verdes, lilas, rosas, amarillos.
Desde siempre. Se van turnando,
pero son los mismos, que aparecen
y desaparecen, intermitentes.
Rozaduras en las plantes de los pies;
en verano, llagas.
Bajo el pelo, toda la piel descamada, blanca;
a veces roja, por la sangre seca.


Ninguna de esas heridas
acaba de matarme, ninguna
acaba de cerrarse, cicatrizar.
Son el recuerdo constante

de lo que ocurre en mi estómago,
en mis venas, en mi conciencia,
en mis pulmones.