lunes, 23 de enero de 2017

Migraña 24

Qué poco me fío de mi cuerpo.
Qué poco me fío de la carne que cimienta mi cerebro.
Yo soy su alimento en la noche, sobre todo cuando el calor
me domina.
El dolor, que pasea entre mis neuronas, 
le resulta un aderezo delicioso.
La oigo 
chuparse los dedos,
mordisquear los bordes de mi voluntad.
Por eso no me fío.
Soy la presa de mis propias células,

la idiota que no sabe escapar
del 

compás 

de 


una 


respiración 




consciente.

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