jueves, 12 de enero de 2017

Ejercicios inútiles de Kegel desesperado

Cuando leo en la prensa sobre otra violación,
siento como mi vulva se encoge
en un deseo inútil
de hacerse invisible.

Puedo incluso sentir el roce
plástico, seboso,
de un miembro fantasma
que me acecha.

Las paredes se contraen espasmódicas:
el miedo y el asco
me dominan.
Hoy no dormiré bien,



pero yo, afortunada, seguiré respirando
y mi carne, por el momento,
será mía.

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