jueves, 8 de diciembre de 2016

Mi piel desgastada y enferma me recuerda su predilección por los hombres oscuros y altos,
de ojos negros y pestañas firmes.
Se excita cuando entrevé chispas de maldad bien llevada, oculta, selecta,
sobre los párpados de un cómplice potencial.

Se estremece y busca un rincón solitario para calmarme,
devolverme al mar.
Mi piel vibra, se despega por una milésima de los huesos,
para liberar esa energía generada por molinos gigantes.

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