domingo, 11 de septiembre de 2016

Tatuaje íntimo

He empezado por los pies.
Escribo con este bolígrafo violeta
sobre la piel arrugada del 
dedo pequeño.
Sigo por el empeine:
la bilis se diluye en palabras.

Quiero que este tatuaje íntimo
no acabe nunca.

Al llegar a la rodilla 
prescindo de los artículos, 
las preposiciones, los espacios: 
una sensación tras otra,
una respiración tras otra.

La caligrafía no es bella
pero deja que la electricidad 
de los significantes fluya.

Subo por el muslo con
'angustia, silencio, dolor'
en versalitas incómodas.
Aún queda tinta suficiente
para vivir todo esto 
sobre los poros cansados.

Pubis, estómago, costillas,
axilas, hombros, brazos, 
manos, cuello, mejillas...
Los latidos
llenos de trazos primitivos.

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