domingo, 8 de marzo de 2015

Lobas en la niebla

Las iglesias han muerto
sus esqueletos nos acogen
permanece el aliento sagrado:
ahora es nuestro.

Por las hostias que recibimos
el altar nos sonríe amable
nos pertenece;
la carne y el espíritu son uno.

Levantamos los brazos,
los pulmones se llenan de delirio,
los ojos bien abiertos,
las pupilas, llenas de color.

Gritamos juntas como lobas en la niebla,
oramos a un dios en forma de luna,
el animal nos hace libres,
el silencio calla en nuestro honor.

Sensitivas y racionales hasta la médula,
bajo este templo agnóstico 
nadaremos en vino tinto,
descorcharemos la vida entera.



Katy Smail





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